#MiradaInternacional: Escenario político en Brasil; plebiscito con sombras militares

 

Durante cuatro años de turbulencia política que sacudió profundamente a Brasil  e hizo que hoy este viviendo horas verdaderamente dramáticas por la agonía de su democracia, algunas de las causas de esta crisis han sido la acusación a Dilma Rousseff, la recesión más larga de la historia y el amplio operativo anticorrupción que procesó y en algunos casos puso en prisión a empresarios y políticos de las administraciones anteriores.

El pasado 7 de Octubre los brasileros se dirigieron a las urnas no solo para elegir al sucesor de Michel Temer, sino también y principalmente, decidir qué modelo de país se quiere construir para sacar al país de esta profunda crisis económica, política y social. Sin embargo, el candidato mejor posicionado  en las encuestas, debido a su controvertido perfil, también estaría poniendo en riesgo la institucionalidad del Estado Brasilero.

 

El resultado de las elecciones presidenciales: balotaje

El candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil pero deberá ir a un balotaje a finales de este mes al no alcanzar el 50% más 1 de los votos válidos requeridos para imponerse en la primera vuelta. Bolsonaro, un polémico ex capitán del Ejército que ha expresado nostalgia por el régimen militar brasileño, obtuvo 46,03% de apoyo, seguido por el ex alcalde de Sao Paulo Fernando Haddad, con 29,28%, de acuerdo con los resultados divulgados por el Tribunal Supremo Electoral. Haddad asumió la postulación por parte del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), después de la renuncia a la candidatura del ex mandatario Lula da Silva, quien se encuentra preso luego de haber sido condenado a 12 años de cárcel por corrupción.

En número de votos, la diferencia entre ambos candidatos es significativa: Bolsonaro supera los 48 millones mientras que Haddad alcanza a 30 millones. De esta manera, como ninguno de los aspirantes logró obtener 50% más 1 de los votos válidos, los dos deberán medirse en una segunda vuelta prevista para el 28 de este mes.

Perfil de los candidatos a la presidencia

Jair Bolsonaro “Partido Social Liberal” (PSL) Militar: Fue capitán de paracaidistas en el ejército donde se volvió popular por sus quejas ante los bajos salarios, que le costaron 15 días de reclusión. Al pasar a la reserva, en 1988, comenzó su carrera política. Fue elegido diputado en 1991 teniendo 7 mandatos como legislador y se ha vuelto un fenómeno en las redes sociales por sus duras posturas en defensa de la dictadura militar y en contra de mujeres, homosexuales, negros e indígenas.

Ha levantado olas de indignación por sus comentarios racistas y homofóbicos. Pese a ello, muchos en Brasil ven a Jair Bolsonaro como el hombre que puede acabar con la inseguridad que golpea al país. Cuando oficializó su postulación presidencial, el pasado mes de julio, Bolsonaro, de 63 años, prometió «rescatar Brasil», pero el candidato de la derecha brasileña genera inquietud entre sus detractores, que protagonizaron masivas movilizaciones en su contra.

A principios de septiembre fue apuñalado durante un acto de campaña en el estado de Minas Gerais (sureste del país). El detenido, Adelio Bispo de Oliveira, quien se declaró culpable del ataque, dijo que actuó «por orden de Dios». Oliveira estaba afiliado a un partido de izquierda, PSOL, sin embargo, la policía informó que sus motivos eran personales.

Pese a que el incidente le impidió hacer campaña, Bolsonaro se impuso con amplia ventaja en la primera ronda de las elecciones del 7 de octubre, por delante de Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT). El ultraderechista obtuvo más de 18 millones de votos de ventaja sobre el izquierdista y sus votantes manifestaron que prefieren un presidente homofóbico o racista a uno que sea un ladrón.

Fernando Haddad “Partido de los Trabajadores” (PT) Abogado y Economista: afiliado al PT desde los 20 años, Haddad entro a la política de San Pablo en el año 2001 para luego saltar al gabinete nacional. Fue ministro de educación de Lula y Dilma y se convirtió en una de las figuras promisorias del partido cuando gano la alcaldía de su ciudad en el 2012. Tras perder la reelección comenzó a tomar notoriedad nuevamente cuando como abogado visitaba a Lula en la cárcel. Se convirtió en su candidato a vicepresidente y luego, con la impugnación al ex presidente, es su sucesor como cabeza de lista.

Fernando Haddad posee una trayectoria académica, pero ensayará un arduo acto de malabarismo político para disputar la presidencia de Brasil con el ultraderechista Jair Bolsonaro en un balotaje el 28 de este mes.

Por un lado, Haddad tiene el reto de detener el ascenso de Bolsonaro, que ganó la primera vuelta este domingo al obtener 46,03% de los votos válidos, contra 29,28% del candidato de izquierda. Para eso, el ex alcalde de São Paulo de 55 años debería reunir el apoyo de casi todos los electores que evitaron votar a su rival en la primera vuelta y convencerlos de que él es la mejor opción que le queda a Brasil. Por otro lado, Haddad representa a un Partido de los Trabajadores (PT) manchado por sucesivos escándalos de corrupción y cuyo líder, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, está preso por ese delito.

Se trata del mayor desafío en la carrera política de este experto en marxismo, que es menos conocido en muchas partes de Brasil que en las selectas aulas de ciencia política de la Universidad de São Paulo (USP), donde enseñó teoría política.

 

Situación actual y el “efecto derrame” de la ultraderecha en América Latina

La campaña electoral de Brasil fue atípica por donde se la mire, tal como ha sido la vida política de este país desde que la presidenta Dilma Rousseff (PT) fue destituida en un impeachment por manipulación presupuestal hace dos años. Como telón de fondo estuvo el mayor índice de insatisfacción popular con la democracia en América Latina, según la encuesta Latinobarómetro de 2017. Pero en Brasil las cosas suelen ser aún más complejas de lo que parecen.

La democracia brasileña está herida. Y sangra por una fisura cuyas marcas pueden reconocerse en otros países de la región. No necesariamente los pueblos cambian un idiota por un demócrata a la hora de ejercer su derecho a decidir el destino político de la nación.

Para explicar la emergencia de candidatos como Bolsonaro, algunos analistas recurren a la figura del “populismo”, término que alguna vez fue un concepto y que hoy es el eufemismo que se utiliza para estigmatizar a los políticos que prometen mejorar la vida de los pobres. Semejante descripción, que casi siempre es desacertada, nada tiene que ver con este militar de mente perezosa, que divide el universo femenino entre las mujeres que merecen y las que no merecen ser violadas.

Para un sector significativo de la sociedad brasileña, la democracia puede ser el mejor camino para erigir de legalidad y legitimidad un gobierno de militares y de civiles antidemocráticos, corruptos, racistas, xenófobos, machistas y aduladores de la muerte, de la tortura y de las dictaduras. Por eso, la de hoy no es una elección presidencial más, es un plebiscito, ya que la sociedad brasileña decidirá sobre qué institucionalidad política pretenderá construir su futuro.

La situación del gigante latinoamericano es de extrema gravedad, ya que son varios los especialistas en campañas electorales que han recomendado que Fernando Haddad y Manuela D’Avila dejaran de reforzar la naturaleza fascista de Bolsonaro, y se concentraran en atacar su persistente impericia, su arrogante indolencia y su poco productiva labor parlamentaria. Parece que a un sector de la sociedad brasileña le molesta más votar a un inútil que a un racista, a un político incapaz de presentar un proyecto de ley en más de 20 años de vida parlamentaria que a un defensor de la tortura.

Este cambio hacia la derecha en América Latina se puede considerar como un “efecto derrame” del alza de los conservadores, tendencia alimentada por la aguda caída en los precios de los bienes y recursos naturales que ha erosionado el crecimiento económico de América Latina y el gran apoyo que los gobiernos de izquierda tuvieron durante la bonanza económica, el peso que las iglesias cristianas evangélicas están teniendo, junto con su confrontación a las políticas socialistas liberales y su encauzamiento de la profunda insatisfacción con la situación reinante. En menos de un año, los votantes se opusieron al movimiento de izquierda en Argentina al elegir a Mauricio Macri; escogieron a Pedro Pablo Kuczynski, un antiguo inversionista bancario, como presidente de Perú, y los legisladores brasileños destituyeron a la líder de la izquierda en Brasil.

En un país tras otro, los resultados son los mismos: los líderes que adoptan políticas a favor del mercado eclipsan a los izquierdistas que ejercieron el poder en el continente durante toda la década anterior.

Lic. María Emilia Cardozo

memiliacardozo@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *